miércoles, 7 de marzo de 2012

TAMBIÉN NOSOTROS de Enrique Molina. Las 2001 Noches nº 117

Sí, zarparemos con los últimos barcos.
Al mar también le duelen las piedras que lo ciñen,
cuando su ronca cólera no basta
a estremecer la muerte del pequeño marisco.

Apartadme de mí, de mi larga estadía.
Siempre el rostro y las manos, el sueño y el espejo.
Podrías recordarme como al humo:
para eso hay muelles de dulce declive.

Eternas criaturas de la tierra,
seguiremos andando debajo de las flores,
con ligeras estrías azules en el hombro.
Y acaso reconozcan nuestros nietos por su pelo arbolado,
por sus ojos de tristes nadadores,
y su manera de decir: “Otoño...”

martes, 6 de marzo de 2012

LA MUJER Y YO -42- de Miguel Oscar Menassa. Las 2001 Noches nº 108

Cuando las diferencias son radicales,
eso quiere decir
que somos diferentes desde la raíz.
Nuestras diferencias formales son,
en realidad, diferencias estructurales.
(Cuando ella le hablaba así a otra mujer
yo temblaba, o la quería matar o la amaba
y las dos cosas eran terribles para mí).
No es, querida, que no me guste
el tono del color de tu vestido
es que yo, jamás, me pondría una cosa así.

No te pondrías nunca una cosa así
pero bien que lo follaste a Pepe.
¿Y eso qué tiene que ver?
Nada, pero ahí se muestra tu confusión,
vestidos baratos no, pero hombres baratos sí.
Yo no te dije que tu vestido era barato,
te dije que era de muy mal gusto.
Yo tengo mal gusto, yo tengo mal gusto
pero bien que te lo follaste a Pepe.
Pero eso ¿qué tiene que ver con tus vestidos?
Nada, sólo que Pepe es mi marido,
y como vio que la otra un poco se sonrojaba
agregó, ¿te parezco muy moderna, no?
No, ¿tú moderna? No, Pepe hijo de puta.
¿Estás celosa? Si la mujer de Pepe soy yo.
IGUELOSCAR MENASSA Argentina, 1940 M Tú tendrás los papeles en regla
pero yo lo amo y mi amor por él
no hay papel que me lo pueda quitar,
aunque lo mates yo lo seguiré amando,
para mí y para todas mis amigas,
Pepe será tu marido pero es mi hombre.

Y tú ¿qué le dijiste? pregunté, creo que ansioso.
Nada, no le dije nada, pensé
que a mí me había pasado lo mismo
con otro hombre y su mujer.
Nada, no dije nada, la dejé soñando
y me fui a casa a dormir con Pepe.

¿Y a él, tampoco le dijiste nada?

¿Decirle a Pepe? Nada, pero a la noche,
haciendo el amor, sentí que ella
estaba con nosotros y yo, gocé más
pero no dije nada y a Pepe tampoco.

sábado, 3 de marzo de 2012

UN HOMBRE TREPA POR LAS PAREDES Y SUBE AL CIELO de Edgar Bayley. Las 2001 Noches nº 71

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entra en el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una gota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre que tiene fuertes zapatones con clavos
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los búhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
el aire libre
el cielo
el viento
entre los geranios
las sombrillas
las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre

miércoles, 29 de febrero de 2012

LXXIX - EN HORAS DE INSOMNIO - (cuatro sonetos) de Miguel de Unamuno. Las 2001 Noches nº 131

1

Me voy de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
y a falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme.

No hallo fuera de mí en que me afirme
nada de humano y me resulto hueco;
si esta cárcel por otra al fin no trueco
en mi vacío acabaré de hundirme.

Oh triste soledad, la del engaño
de creerse en humana compañía
moviéndose entre espejos, ermitaño.

He ido muriendo hasta llegar al día
en que espejo de espejos, soyme extraño
a mí mismo y descubro no vivía.

2

Hecho teatro de mí propio vivo,
haciendo mi papel: rey del desierto;
en torno mío yace todo yerto,
y yo, yerto también, su toque esquivo.

En vez de hacer algo que valga, escribo;
al afirmarlo todo no estoy cierto
de cosa alguna y no descubro puerto
en que dé tierra al corazón altivo.

Me desentraño en lucha con el otro,
el que me creen, del que me creo potro,
y en esta lucha estriba mi comedia;

pasan los años sin traerme cura;
bien veo que es mi vida una locura
que sólo con la muerte se remedia.

3

Dejar un grito, nada más que un grito,
aquel del corazón cuando le quema
metiéndosele el sol, pues no hay sistema
que diga tanto. Dice el infinito

del desengaño, dice cómo el hito
cayó que nos marcaba la suprema
jornada de ilusión, dice la extrema
resignación a lo que estaba escrito.

¿Definiciones? Sí, buenas palabras,
que aunque presumen ser abracadabras
no nos abren tesoro verdadero;

no se cura la vida con razones,
espacio, tiempo, lógica, sayones
sin compasión de todo cuanto espero.

4

La Tierra un día cruzará el espacio
celeste convertida en cementerio
de civilizaciones; el misterio
triunfará de la vida, pues reacio

fue siempre a la razón. Me pone lacio
el ánimo el pensarlo. ¿Acaso es serio
del mundo así entregarse al loco imperio
de cuya vanidad nunca me sacio?

Cruzará, vanidad de vanidades,
muerta, la soledad de soledades,
sin principio, sin fin y sin objeto;

mas entretanto, corazón, pelea
por esa vanidad; tal vez la idea
logre aplacarte, corazón inquieto.

jueves, 23 de febrero de 2012

EL AUTOR LEVANTA LA VOZ de Louis Aragon. Las 2001 Noches nº 131

Se han ido Escucho morir los pasos sobre la carretera les sigo
Me quedo parado como un tren en un túnel de hollín
Se diría una señal interminablemente en la noche que suena
Nadie nadie nadie
Me parece haber escuchado en alguna parte esta canción
Antigua antigua antigua
Aunque no se vea ni gota hay que tomar las cosas como son

Y nosotros a los veinte años delante de nosotros qué veíamos
de la carretera
Nosotros qué teníamos que decir al fin y al cabo

Escucho los pasos morir escucho
A lo lejos morir a los jóvenes
Desgraciadamente no es hablar por metáfora
Aquellos mismos que no mueren algo en ellos se apagó
Algo que se muere en ellos sin ni siquiera esperar a la mañana
Oh pálido cigarrillo de las palabras que estrellea un último
esfuerzo

No hay sólo fuegos artificiales para quemarse los dedos
Primero uno se dice que es un juego nada es tan bonito como
las llamas
Y como los demás primero se creía hacer lo que se debe
El diablo no devuelve su juventud a aquellos a quienes les
robó el alma
Los que vuelven marchitos y los que no vuelven
Nosotros también aprendimos a los veinte años a marcar el
paso

Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir

Partir uno se dice es partir y poco importa cómo
Ya que tanto vivir o morir uno como otro no tiene sentido
Se trata de estar ebrio o correr por este mundo cruel y
demente
A mí la demencia en las palabras me parecía ahí
una inocencia
Y entiendo a los que se hacen una boca de oscuridad
Hoy son a su vez lo que fuimos ayer

Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir

De una vez sentir como nadando su locura
Ir hasta el final de su fuerza tan lejos como se pueda en el mar
Cómo uno descubre el placer cómo se hunde en él
y se olvida ahí
Hacer una vez más el amor aunque uno se muera por volver
a hacerlo
Vergüenza para quien encuentra su límite a quien su límite
basta
Prudentemente quien retoma su apuesta y rechaza el desafío.

Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir
Todo era para vosotros una gran risa en el umbral de un país
desconocido

Llevabais en vosotros este poder que los ojos no pueden ver
Teníais la edad triunfante que marca todo con su pie desnudo
Este sol de dentro de vosotros a vuestros gestos ponía su
gloria
Los muros se han hecho para saltarlos Nunca se corre lo
bastante lejos
Cuando uno rompe los espejos qué hermoso color tienen los
puños
Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir

Cuando viene el anochecer sobre vosotros con la memoria del
día que ha sido
Que os sentáis pesadamente dentro de vuestras piernas sobre
la tierra
Esta arena en vuestra garganta ¿es acaso el orgullo de
vuestros rechazos?
Qué os da la mirada de los que prefieren callarse
¿Podéis hablar de otra cosa con este fusil en vuestras manos?
Alrededor vuestro la noche madura profundamente palabras
humanas

Hay sin embargo siempre para vosotros una guerra adonde
partir

Primero uno se servía de las palabras como de los huevos los
chorros de agua
Después han tomado en la palma de la mano un calor vivo
Nosotros también pensábamos que había que esperar
doblegarse
Me acuerdo de otra guerra y he aquí la guerra siguiente
Y claro duele lo que encontramos parecido
Y que haya entre las cosas y las palabras ese lazo
ensangrentado

Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir

El bien el mal quién ya no sabe distinguirlos se aturde
Si la guerra es el honor del hombre así como se decía antaño
Pesad vuestras palabras hombres que nacéis al hombre. Os lo
digo
Bueno que la hagan pero que sea en honor suyo esta guerra
Que sea al menos una guerra vuestra Hijos de la Patria
Donde no se pueda entre la cosa y la palabra honor elegir

Hay siempre para vosotros jóvenes una guerra adonde partir

Hay un mundo por conquistar de otra manera que con el
cañón
Un mundo donde tirar alegremente vuestro guante en la
balanza
Un mundo donde se puede nombrar a todas las cosas por su
nombre
Hay un mundo a la medida del hombre y de su violencia
Donde todas las palabras del hombre entre la vida y la muerte
eligieron
Reclamo en este mundo el lugar de la poesía.

Traducción: Claire Deloupy

lunes, 20 de febrero de 2012

NO CANTA EL MIRLO EN LA RAMA de Pedro Salinas. Las 2001 Noches nº 128

No canta el mirlo en la rama,
ni alta la espuma en el agua:
lo que salta, lo que canta
es el proyecto en el alma.
Las promesas tienen hoy
rubor de haber prometido
tan poco, de ser tan cortas;
se escapan hacia su más,
todas trémulas de alas.
Perfección casi imposible
de la perfección hallada,
en el beso que se da
se estremece de impaciencia
el beso que se prepara.
El mundo se nos acerca
a pedirnos que le hagamos
felices con nuestra dicha.
Horizontes y paisajes
vienen a vernos, nos miran,
se achican para caberte
en los ojos; las montañas
se truecan en piedrecillas,
por si las coge tu mano,
y pierden su vida fría
en la vida de tu palma.
Leyes antiguas del mundo,
ser de roca, ser de agua,
indiferentes
se rompen porque las cosas
quieren vivirse también
en la ley de ser felices,
que en nosotros se proclama
jubilosamente.
Todo querría ser dos
porque somos dos. El mundo
seducido por el canto
del gran proyecto en el alma
se nos ofrece, nos da
rosas, brisas y coral,
innumerables materias
dóciles, esperanzadas
de que con ellas tú y yo
labremos
el gran amor de nosotros.
Coronándonos, la dicha
nos escoge, nos declara
capaces de creación
alegre. El mundo cansado
podría ser -él lo siente-,
si nosotros lo aceptamos
por cuerpo de nuestro amor,
recién nacido otra vez,
primogénito del gozo.
¿Le oyes
que se nos está ofreciendo
en flor, en roca y en aire?
Pero tú y yo resistimos
la tentación de su voz,
la lástima que nos da
su gran cuerpo sin empleo.
Allí se quedan las piedras,
las violetas, ajenas,
tan fáciles de morir,
esperando
otro amor que las redima.
No.
Nuestro proyecto cantante,
empinado, irresistible,
de su embriaguez en el alma,
no se labrará en los mármoles
ni con pétalos o sueños:
se hará carne en nuestra carne.
Le entregamos alma y cuerpo
para que él sea y se viva.
Y sin ayuda del mundo,
de su bronce, de su arena,
tendrá forma en lo que ofrecen
nuestros dos seres unidos:
la pareja suficiente.
Y las dos vidas, viviendo
abrazadas,
serán la dócil materia
eterna, con que se labre
el gran proyecto del alma.

domingo, 19 de febrero de 2012

AUN MENOS QUE RELIQUIAS de Olga Orozco. Las 2001 Noches nº 130

Son apenas dos piedras.
Nada más que dos piedras sin inscripción alguna,
recogidas un día para ser sólo piedras en el altar de la
memoria.
Aun menos que reliquias, que testigos inermes hasta el juicio
final.
Rodaron hasta mí desde las dos vertientes de mi genealogía,
más remotas que lapas adheridas a ciegas a la prescindencia y al sopor.
Y de repente cierto matiz intencionado,
cierto recogimiento sospechoso entre los tensos bordes a
punto de estallar,
el suspenso que vibra en una estría demasiado insidiosa,
demasiado evidente,
me anuncian que comienzan a oficiar desde los anfiteatros
de los muertos.

¿A qué aluden ahora estas dos piedras fatales, milenarias,
con sus brillos cruzados como la sangre que se desliza por mis venas?
A fábulas y a historias, a estirpes y a regiones
entretejidas en un solo encaje desde los dos costados del
destino
hasta la trama de mis huesos.

Exhalan otra vez ese tiempo ciclópeo en que los dioses eran
mis antepasados
-malhechores solemnes, ocultos en la ola, en el volcán y en
las estrellas,
bajaron a la isla a trasplantar sus templos, sus represalias,
sus infiernos-
y también esos siglos de las tierras hirsutas, emboscadas en el ojo del zorro,
hambrientas en el bostezo del jaguar, inmensas en el cambio
de piel de la serpiente.
Pasan héroes de sandalias al viento y monstruos confabulados con la roca,
pueblos que traficaron con el sol y pueblos que sólo fueron
dinastías de eclipses,
invasiones tenaces como regueros de hormigas sobre un mapa
de coagulada miel;
y aquí pasan las nubes con su ilegible códice, excursiones
salvajes,
y el brujo de la tribu domesticando a los grandes espíritus
como un encantador de pájaros
para que hablen por el redoble de la lluvia, por el fuego o el
grano,
por la boca colmada de la humilde vasija.
En un friso de nieblas se inscribe la mitad confusa de mi
especie,
mientras cambian de vestiduras las ciudades o trepan las
montañas o se arrojan al mar,
sus bellos rostros vueltos hacia el último rey, hacia el último
éxodo.

Un cortejo de sombras viene del otro extremo de mi herencia,
llega con el conquistador y funda las colonias del odio, de la
espada y la codicia,
para expropiar el aire, los venados, los matorrales y las almas.
Se aproxima una aldea encallada en lo alto del abismo igual
que un arca rota,
una agreste corona que abandonó el normando y recogieron
los vientos y la cabras,
mucho antes que el abuelo conociera la risa y los brebajes
para expulsar los males
y la abuela, tan alta, enlutara su corazón con despedidas y
desgastara los rosarios.
Ahora se ilumina un caserío alrededor del espinillo, el ciego
y el milagroso santo;
es polvareda y humo detrás de los talones del malón, de los
perros extraídos del diablo,
poco antes que el abuelo disfrazara de fantasmas las viñas, los
miradores, los corrales,
y la abuela se internara por bosques embrujados a perseguir el
ave de los siete colores
para bordar con plumas la flor que no se cierra.
Y allá viene mi padre, con el océano retrocediendo a sus
espaldas.
Y allá viene mi madre flotando con caballos y volanta.
Yo estoy en una jaula donde comienza el mundo en un
gemido y continúa en la ignorancia.

Pero detrás de mí no queda nadie para seguir hilando la trama
de mi raza.
Estas piedras lo saben, cerradas como puños obstinados.
Estas piedras aluden nada más que a unos huesos cada vez
más blancos.
Anuncian solamente el final de una crónica,
apenas una lápida.