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sábado, 20 de febrero de 2016

La divina comedia. De Dante Alighieri. Las 2001 Noches Nº 86

PARTE PRIMERA - INFIERNO
CANTO I (Fragmento)
Mientras retrocedía al lugar hondo
ante mi vista se hizo descubierto
quien mudo pareció en lo silencioso.
Cuando yo le miré en el gran desierto,
“Apíadate de mí –le grité al mismo–,
quienquiera seas, sombra u hombre cierto.”
Respondiome: “Hombre no; hombre ya he sido,
los que diéronme el ser fueron lombardos,
y ambos por patria a Mantua la han tenido.
Nací sub Julio, bien que un poco tardo
y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
en tiempos de engañosos dioses falsos.
Poeta he sido, y yo canté del justo
hijo de Anquises, que volvió de Troya
después que fue el soberbio Ilión combusto.
Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?,
¿por qué no vas al deleitoso monte
que es principio y razón de dicha toda?”
“¿Eres tu aquel Virgilio, aquella fuente
que tan gran río en el hablar difunde?,
-le respondí con vergonzosa frente,-.
¡Oh, de los otros poetas honra y lumbre!,
válgame el largo estudio y grande amor,
que a mí buscar me han hecho tu volumen.
Eres tú mi maestro, eres mi autor:
eres tú sólo aquel, de quien yo hurto
el bello estilo, que me ha dado honor.
Mira la bestia por la cual yo huyo:
de ella, famoso sabio, has de ayudarme,
que me hace estremecer venas y pulso.”
“Te conviene seguir distinto viaje,
-dijo, después de ver que yo lloraba-,
si quieres huir de este lugar salvaje:
porque esta bestia, por la qual tu clamas,
no deja que otro pase por su vía,
mas tanto se lo impide que lo mata;
y es su natura tan malvada e impía
que su rabiosa gana nunca llena,
y ha más hambre al comer que antes tenía.
Con muchos animales se empareja,
y aún serán muchos más, hasta que el Veltro
vendrá, y hará que con dolor se muera.
Este no comerá tierra ni peltro,
pero si amor, virtud, sabiduría,
y su patria estará entre Feltro y Feltro,
será salud de aquella humilde Italia,
por quien murió la virginal Camila,
Euríalo y Turno y Niso en la batalla.
Este la cazará por cada villa,
hasta arrojarla dentro del infierno,
del que al principio la sacó la envidia.
Mas ahora por tu bien pienso y discierno
que tu me sigas, yo seré tu guía;
te sacaré de aquí a un lugar eterno,
donde oirás espantosa gritería;
verás viejos espíritus en duelo,
que todos la segunda muerte ansían;
luego aquellos verás, que están contentos
en fuego, porque esperan la llegada
entre los alabados, a su tiempo:
a los cuales, si tu asceder desearas,
otra alma te guiará que yo más digna,
te dejaré con ella cuando parta;
que aquel Emperador, que reina arriba,
porque yo con su ley rebelde me hice,
no quiere a su ciudad por mi la ida.
En toda parte impera y allí rige,
allí está su ciudad y su alto asiento:
¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!”
Yo le dije: “Poeta, te requiero
por ese Dios que tu no conociste,
para huir de este mal o más adverso,
que me lleves allá donde dijiste,
tal que yo vea la puerta de San Pedro
y aquellos que tu dices ser tan tristes.”
Anduvo entonces, y seguí postrero.

La divina comedia de Dante Alighieri. Las 2001 Noches Nº 86

PARTE SEGUNDA - PURGATORIO
CANTO XII (Fragmento)
Pareados, como bueyes bajo el yugo,
iba yo con aquella alma cargada,
mientras el dulce maestro a bien lo tuvo.
Mas cuando dijo: “Déjale y avanza,
que aquí conviene con vela y remos
cuanto uno pueda, aligerar su barca”;
erguido, cual se debe andar, fui puesto
con la persona, aunque mis pensamientos
inclinados siguieran y modestos.
Yo ya andaba, y seguía placentero
de mi maestro los pasos, y allí entrambos
mostrábamos cómo éramos ligeros,
cuando dijo: “Los ojos vuelve abajo:
te convendrá, por suavizar la senda,
mirar al suelo donde vas pisando”.
Como, porque memoria de ellos sea
sobre sepultos las terrenas losas
llevan escrito lo que en vida fueran,
por lo que muchas veces allí lloran
por el pinchazo de la remembranza,
que sólo a los piadosos acongoja,
así vi allí, mas con mejor semblanza,
según el artificio, figurado
cuando por vía de afuera el monte avanza.
Veía a aquel, que noble fue creado
más que otra criatura, desde el cielo
fulgurante cayendo por un lado.
Veía a Briareo, herido por el hierro
celestial, que yacía de otra parte,
grave a la tierra por el mortal hielo.
Veía a Timbreo, veía a Palas y Marte
aún armados en torno al padre de ellos
mirar dispersos miembros de gigantes.
Veía a Nemrod al pie del gran empeño,
casi extraviado contemplar las gentes
que en Sanaar con él soberbias fueron.
¡Oh, Niové, con qué ojos tan dolientes
te veía, esculpida allí a la estrada,
entre tus siete y siete hijos inertes!
¡Oh, Saúl, cómo con tu propia espada
aparecías muerto en Gilboé,
que después no vio lluvia ni rosada!
¡Oh, loca Aracne, tal te contemplé
ya medio araña, triste en los retales
del trabajo que en daño tuyo fue.
Oh, Roboám, ya no sembla que amenace
aquí tu gesto; mas de espanto lleno
te lleva un carro, antes que te echasen.
Mostraba aún el duro pavimento
cómo Alcmeón a su madre le hizo caro
pagar el desdichado adornamento.
Mostraba cuál los hijos se arrojaron
sobre Sennaquerib dentro del templo,
y, como muerto, allí lo abandonaron.
Mostraba la ruina y daño horrendo
que hizo Tomiris, cuando dijo a Ciros:
“De sangre hubiese sed, de ella te lleno”
...Mostraba en la derrota ser huidos
los asirios tras muerte de Holofernes,
y también las reliquias del martirio.
Veía a Troya en cenizas demolientes:
¡oh, Ilión, qué vil y qué pequeño
el cuadro que allí había te discierne!
Del pincel o buril, ¿quién fue el maestro
que allí trazó las sombras y motivos
que admirarían a un agudo ingenio?
Los muertos creí, los vivos vivos:
no vió mejor que yo quien vio lo cierto
de cuanto allí pisé inclinado al sitio.
Id, soberbios, con ojos altaneros
hijos de Eva, no inclinéis el rostro,
de modo que veais el mal sendero.
Mucho habíamos ya del monte vuelto,
y anduvo más el sol en su camino
que lo estimaba el ánimo no suelto;
cuando aquél, que delante siempre fijo
me andaba, comenzó: “Alza la cabeza;
no es ya tiempo de andar tan abstraido.
Hacia allí mira un ángel que se apresta
por venir hacia nos; ve que ya torna
del servicio del sol la esclava sexta.
De reverencia el acto y rostro adorna,
porque le plazca arriba conducirnos:
ve que este día ya jamás retorna!.